Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Jean Valjean emprendió de nuevo su marcha, y ya no volvió a detenerse.
Era una marcha que se hacía cada vez más difícil. Muchas veces se veía obligado a caminar encorvado, por miedo a que Marius se golpeara contra la bóveda; iba siempre tocando la pared.
Tenía hambre y sed; sed sobre todo; se sentía cansado y a medida que perdía vigor, aumentaba el peso de la carga. Marius, muerto quizá, pesaba como pesan los cuerpos inertes. Las ratas se deslizaban por entre sus piernas. Una se asustó hasta el punto de querer morderlo.
De tanto en tanto, llegaban hasta él ráfagas de aire fresco procedentes de las bocas de la cloaca, que le infundían nuevo ánimo.
Podrían ser las tres de la tarde cuando entró en la alcantarilla del centro. Al principio le sorprendió aquel ensanche repentino. Se encontró bruscamente en una galería cuyas dos paredes no tocaba con los brazos extendidos, y bajo una bóveda mucho más alta que él.
Pensó, sin embargo, que la situación era grave y que necesitaba, a todo trance, llegar al Sena, o lo que equivalía a lo mismo, bajar. Torció, pues, a la izquierda. Su instinto le guió perfectamente. Bajar era, en efecto, la única salvación posible.
