Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Marius seguía inmóvil en el canapé donde lo habían tendido a su llegada. El médico estaba ya allí. Lo examinó y, después de cercionarse de que continuaban los latidos del pulso, de que el joven no tenía en el pecho ninguna herida profunda, y de que la sangre de los labios provenía de las fosas nasales, lo hizo colocar en una cama, sin almohada, con la cabeza a nivel del cuerpo, y aun algo más baja y el busto desnudo, a fin de facilitar la respiración.
El cuerpo no había recibido ninguna lesión interior; una bala, amortiguada al dar en la cartera, se había desviado y al correrse por las costillas, había abierto una herida de feo aspecto, pero sin profundidad y por consiguiente sin peligro. El largo paseo subterráneo había acabado de dislocar la clavícula rota, y esto presentaba serias complicaciones.
Tenía los brazos acuchillados; pero ningún tajo desfiguraba su rostro. Sin embargo, la cabeza estaba cubierta de heridas. ¿Serían peligrosas estas heridas? ¿Eran superficiales? ¿Llegaban al cráneo? No se podía decir aún.
