Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Un día el señor Gillenormand, mientras que su hija arreglaba los frascos y las tazas en el mármol de la cómoda, inclinado sobre Marius, le decía con la mayor ternura:
- Mira, querido mío, en tu lugar preferiría ahora la carne al pescado. Un lenguado frito es bueno al principio de la convalecencia; pero después al empezar a levantarse el enfermo, no hay como una chuleta.
Marius, que había recobrado ya casi todo su vigor, hizo un esfuerzo, se incorporó en la cama, apoyó las manos en la colcha, miró a su abuelo de frente, frunció el ceño, y dijo:
- Esto me ayuda a deciros una cosa.
- ¿Cuál?
- Que quiero casarme.
- Lo había previsto -dijo el abuelo soltando una carcajada.
- ¿Cómo previsto?
Marius, atónito y sin saber qué pensar, se sintió acometido de un temblor. El señor Gillenormand, continuó:
