Los Miserables - Parte 1
Los Miserables - Parte 1 Cuando llegó la hora de la salida del presidio; cuando Jean Valjean oyó resonar en sus oÃdos estas palabras extrañas: "¡Estás libre!", tuvo un momento indescriptible: un rayo de viva luz, un rayo de la verdadera luz de los vivos penetró en él súbitamente. Pero no tardó en debilitarse. Jean Valjean se habÃa deslumbrado con la idea de la libertad. HabÃa creÃdo en una vida nueva; pero pronto supo lo que es una libertad con pasaporte amarillo.
Al dÃa siguiente de su libertad, en Grasse, vio delante de la puerta de una destilerÃa de flores de naranjo algunos hombres que descargaban unos fardos. Ofreció su trabajo. Era necesario y fue aceptado. Se puso a trabajar. Era inteligente, robusto, ágil, trabajaba muy bien; su empleador parecÃa estar contento. Pero pasó un gendarme, lo observó y le pidió sus papeles. Le fue preciso mostrar el pasaporte amarillo. Hecho esto, volvió a su trabajo. Un momento antes habÃa preguntado a un compañero cuánto ganaba al dÃa; "treinta sueldos", le habÃa respondido. Llegó la tarde, y como debÃa partir al dÃa siguiente por la mañana, se presentó al dueño y le rogó que le pagase. Este no pronunció una palabra, y le entregó quince sueldos. Reclamó y le respondieron: "Bastante es eso para ti". Insistió. El dueño lo miró fijamente, y le dijo: "¡Cuidado con la cárcel!"