Ultimo dia de un condenado a muerte
Ultimo dia de un condenado a muerte Una niñita de tres años, dulce, sonrosada, frágil, con grandes ojos negros y largos cabellos castaños.
Tenía dos años y un mes cuando la vi por última vez.
Así, tras mi muerte, tres mujeres, sin hijo, sin marido, sin padre; tres huérfanas de distinta especie; tres viudas a causa de la ley.
Admito que justamente se me castigue, pero ¿qué han hecho estas inocentes? Poco importa; serán deshonradas, serán arruinadas. Así es la justicia. No es que me preocupe mi pobre madre vieja; tiene sesenta y cuatro años, morirá en cualquier momento. O si todavía sobrevive unos días más, mientras tenga hasta el último momento un poco de ceniza caliente en su brasero, no dirá nada.
Mi mujer tampoco me preocupa; tiene ya mala salud y es débil de carácter. También ella morirá.
A menos que enloquezca. Dicen que eso alarga la vida; pero al menos la inteligencia no sufre; la inteligencia duerme, está como muerta.
Pero mi hija, mi niña, mi pobrecita Marie, que ríe, que juega, que a estas horas canta sin pensar en nada, ¡es ella la que me hace sufrir!
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