Pensad en flebas
Pensad en flebas El módulo impactó contra un fragmento de escombro más grande de lo esperado. El choque fue devastador. Una explosión cegadora iluminó el vacío, destrozando la nave de la Cultura en una lluvia de fuego y metal.
En el puente del Clear Air Turbulence, todos contuvieron la respiración. Luego, un rugido de triunfo.
—¡Lo hicimos! —gritó un mercenario.
Kraiklyn se dejó caer en su asiento, pasándose la mano por la cara.
—Hijo de puta… —murmuró, mirando a Horza—. Eso fue jodidamente arriesgado.
Horza sonrió.
—Pero funcionó.
Kraiklyn bufó y se puso de pie.
—Bien. Seguimos hacia el Planeta de los Muertos. Y más te vale que esta misión valga la pena, Cambiante.
Horza no dijo nada. Solo miró por la ventana, observando los restos flotantes del módulo destruido.
La guerra no tenía piedad. Y él tampoco la tendría.
El Clear Air Turbulence descendió sobre el planeta como un ave de rapiña. Abajo, la superficie de Schar parecía un cementerio infinito: ruinas dispersas, llanuras áridas, un aire tan denso que parecía absorber la luz. Nadie vivía aquí. Nadie debía hacerlo.
