Pensad en flebas
Pensad en flebas La guerra consume la galaxia. Planetas enteros se desvanecen en la destrucción ciega de dos fuerzas implacables: los Iridanos, fanáticos de su fe, y la Cultura, aferrada a su derecho a existir. No hay tregua, no hay piedad. En un rincón olvidado del conflicto, en las sombras de un Planeta de los Muertos, yace una Mente fugitiva, un artefacto de poder incalculable. Horza, un Cambiante con habilidades extraordinarias, y su banda de mercenarios despiadados emprenden la cacerÃa. Pero lo que encontrarán no es la gloria… sino su propia condena.
El agua apestosa le rozaba la nariz. Horza intentó arquear el cuello, pegando la cabeza contra la pared de piedra de su celda, pero apenas consiguió un respiro de aire nauseabundo. SabÃa lo que pasaba. SabÃa lo que venÃa. Los viejos bastardos de la Gerontocracia de Sorpen no lo iban a ejecutar de manera rápida. No. Ellos querÃan que se ahogara en su propia miseria.
—¿Sabes una cosa? —la voz chillona del ministro Frolk perforó la penumbra de la celda—. Casi podrÃa jurar que sigues siendo Egratin. Apenas puedo creer que no eres él.
