Casa de Muñecas
Casa de Muñecas Cristina…, ¿ha pensado seriamente lo que dice? Sí; lo veo en su cara. ¿Tendría usted valor…?
SEÑORA LINDE
Necesito ser madre de alguien, y sus hijos necesitan una. Nosotros dos nos necesitamos uno a otro. Krogstad, tengo fe en usted… con usted me atrevo a todo.
KROGSTAD (Cogiéndole las manos.)
Gracias, gracias, Cristina… ahora sabré rehabilitarme. Oh, pero me olvidaba…
SEÑORA LINDE (Escucha.)
¡Chist! ¡La tarantela! ¡Váyase, váyase!
KROGSTAD
¿Por qué? ¿Qué ocurre?
SEÑORA LINDE
¿Oye usted la música arriba? Volverán cuando acabe.
KROGSTAD
Ah, ya, he de irme. Todo ha sido inútil. Usted naturalmente no sabe nada del paso que he dado contra los Helmer.
SEÑORA LINDE
Oh, sí, Krogstad, estoy enterada.
KROGSTAD
¿Y no obstante, tiene usted el valor…?
SEÑORA LINDE
Comprendo perfectamente adonde puede la desesperación llevar a un hombre como usted.