Casa de Muñecas
Casa de Muñecas Puede que sí. Pero tú no piensas ni hablas como el hombre al que puedo unirme. En cuanto terminó tu alarma… no por la amenaza sobre mí, sino por el riesgo que corrías, y cuando el peligro había pasado… ha sido para ti como si no hubiera ocurrido absolutamente nada. Volví a ser, igual que antes, tu pequeña alondra, la muñeca, que de ahora en adelante debería tratarse con mayor cuidado, ya que es tan delicada y frágil. (Se levanta.) Torvald… en aquel momento comprendí que había vivido ocho años con un extraño del que había tenido tres hijos… ¡Oh, no soporto el pensar en ello! Me dan ganas de golpearme hasta hacerme trizas.
HELMER (Sordamente.)
Ya veo, ya veo. La verdad es que se ha abierto un abismo entre nosotros… ¿Pero, Nora, no podríamos salvarlo?
NORA
Tal como soy ahora, no soy una esposa para ti.
HELMER
Puedo convertirme en otro.
NORA
Quizá… si te quitan la muñeca.
HELMER
¡Separarme… separarme de ti! No, no, Nora, no puedo hacerme a esa idea.
NORA (Saliendo por la derecha.)
Razón de más para acabar.