En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3)
En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3) Mientras la ciudad aclama al rey que entra montado en un carro dorado, Arnau camina entre la multitud como un fantasma. Ha ganado batallas, ha ofrecido su sangre... pero ahora es un paria entre los suyos. La nobleza lo esquiva, sus hijos lo miran con ojos asustados. Hasta su hija Marina —la joven curiosa, la luz de su hogar— lo observa con el desconcierto de quien ya no reconoce al héroe.
Avergonzado, Arnau jura en silencio que no se detendrá. Gaspar ha abierto una herida... y él se encargará de cerrarla. Con fuego, si es necesario.
La calma tras la humillación es solo aparente. Arnau se ha refugiado en el palacio Domenni, transformado ahora en el bastión de los Estanyol. Pero las paredes nuevas no pueden protegerlo de las grietas que comienzan a abrirse en su familia… ni del veneno que Gaspar ha empezado a inocular con precisión quirúrgica.
Paolo, el muchacho que condujo a Arnau a la victoria, es ahora un visitante habitual. Marina, su hijastra, lo observa con una mezcla de admiración e incomodidad. Paolo la respeta, la escucha. Marina es todo lo que Arnau ama y todo lo que teme perder. En ella ve reflejada la rebeldÃa de su madre, y un mundo que no entiende del todo.
—No deberÃas andar sola por los pasillos cuando hay soldados en casa —le advierte.
