El hombre mediocre
El hombre mediocre En el verdadero hombre mediocre la cabeza es un simple adorno del cuerpo. Si nos oye decir que sirve para pensar, cree que estamos locos. DirÃa que lo estuvo Pascal si leyera sus palabras decisivas: «Puedo concebir un hombre sin manos, sin pies; llegarÃa hasta concebirlo sin cabeza, si la experiencia no me enseñara que por ella se piensa. Es el pensamiento lo que caracteriza al hombre; sin él no podemos concebirlo» (Pensées; XXIII). Si de esto dedujéramos que quien no piensa no existe, la conclusión le desternillarÃa de risa.
Nacido sin esprit de finesse, desesperarÃase en vano por adquirirlo. Carece de perspicacia adivinadora; está condenado a no adentrarse en las cosas o en las personas. Su tonterÃa no presenta soluciones de continuidad. Cuando la envidia le corroe, puede atornasolarse de agridulces perversidades; fuera de tal caso, dirÃase que el armiño de su candor no presenta una sola mancha de ingenio.
