Viaje alucinante
Viaje alucinante Mientras la nave se desliza por el canal semicircular del oÃdo, el silencio es absoluto. No solo por necesidad técnica: la tensión ha alcanzado un punto insoportable. Cada movimiento es medido, cada palabra contiene veneno disfrazado de profesionalismo.
—Hay alguien en esta nave que quiere que fracasemos —dice Grant finalmente.
Duval lo mira con desprecio.
—¿Y qué sugieres? ¿Que nos apuntemos con bisturÃs y resolvamos el misterio?
Pero no es una teorÃa sin fundamento. Los sistemas de navegación han vuelto a fallar. El suministro de oxÃgeno ha descendido sin razón. Y la ruta propuesta por Michaels los ha desviado de nuevo, ahora hacia el plexo coroideo, una región inexplorada del cerebro donde la densidad vascular es altÃsima y los riesgos de choque, letales.
—Nos estamos moviendo en cÃrculos —murmura Owens—. Esto no tiene sentido.
Cora descubre microfracturas en el fuselaje del Proteus. No son daños casuales: alguien los ha provocado desde dentro. Pero antes de poder alertar a todos, la nave sufre un ataque interno. Macrófagos, células inmunes, los han detectado como invasores. Empiezan a adherirse a la estructura del Proteus como si fuera una bacteria gigante.
