MarÃa
MarÃa
¡Inolvidable y última noche pasada en el hogar donde corrieron los años de mi niñez y los dÃas felices de mi juventud! Como el ave impelida por el huracán a las pampas abrasadas intenta en vano sesgar su vuelo hacia el umbroso bosque nativo, y ajados ya los plumajes regresa a él después de la tormenta, y busca inútilmente el nido de sus amores revoloteando en torno del árbol destrozado, asà mi alma abatida va en las horas de mi sueño a vagar en torno del que fue hogar de mis padres. Frondosos naranjos, gentiles y verdes sauces que conmigo crecÃsteis, ¡cómo os habéis envejecido! Rosas y azucenas de MarÃa, ¡quién las amará si existen! aromas del lozano huerto, ¡no volveré a aspiraros! Susurradores vientos, rumoroso rÃo… ¡no volveré a oÃros!
