MarÃa
MarÃa —A Kingston: contiene la última voluntad de Salomón y la dote de su hija. Si mi interés por ti —agregó con voz que la emoción hacÃa trémula— me hizo alejarte de ella y precipitar tal vez su muerte… tú sabrás disculparme… ¿Quién debe hacerlo si no eres tú?
OÃdo que hubo la respuesta que profundamente conmovido di a esa excusa paternal tan tierna como humildemente dada, me estrechó de nuevo entre sus brazos. ¡Aún persiste en mi oÃdo su acento al pronunciar aquel adiós!
Saliendo a la llanura de… después de haber vadeado el Amaime, esperé a Juan Angel para indicarle que tomase el camino de la sierra. Miróme como asustado con la orden que recibÃa; pero viéndome doblar sobre la derecha, me siguió tan de cerca como le fue posible, y poco después lo perdà de vista.