Mi nombre es Emilia del Valle
Mi nombre es Emilia del Valle Ambos regresan a ValparaÃso para cerrar sus respectivos trabajos. Él parte de vuelta a Estados Unidos. Ella se queda un tiempo más. Recorre una última vez las calles destruidas, los mercados, los puertos. Sabe que se irá pronto, pero esta vez no como extranjera, sino como mujer que comprendió su raÃz y eligió no dejar que la definiera.
Lo que sigue es despedida. De la guerra, del odio, de la Emilia que fue. La mujer que sube al barco rumbo a San Francisco no es una sobreviviente. Es una autora. Y tiene una historia entre las manos que ya no le pertenece solo a ella, sino al mundo.
San Francisco la recibe con una bruma familiar y un barrio que no ha cambiado tanto como ella. Emilia vuelve a La Misión, a la casita donde todo comenzó. Su madre, Molly, está más delgada, más callada, pero sigue firme. Sus hermanos ya no son niños, y don Pancho continúa enseñando, filosofando, amándola sin condiciones.
Pero Emilia ya no encaja del todo. No porque haya dejado de pertenecer, sino porque ha ampliado su mundo. Ha cruzado fronteras externas e internas. Es más que hija, más que escritora. Es testigo. Y ese testimonio necesita salir.
