Mi nombre es Emilia del Valle
Mi nombre es Emilia del Valle El eco de ese amor perdido y de ese engaño brutal no dejará de resonar. Molly nunca perdonará. Emilia nunca olvidará. Y Gonzalo del Valle, aunque ausente, empezará a convertirse en el centro gravitacional de una historia que apenas comienza a desplegarse.
Emilia crece en una casa pequeña, con paredes pintadas por su madre y una escuela pegada al patio trasero. El Orgullo Azteca no solo es un centro educativo; es su universo. Ahà aprende a leer, a pensar, a cuestionar. Su padre adoptivo, don Pancho, la convierte en su alumna más fiel. La instruye con pasión sobre los misterios del cosmos, los peligros del dogma y la dignidad de los humildes.
—El conocimiento es la única herencia que no se pierde —le dice mientras dibujan galaxias con tizas en el suelo.
Molly, en cambio, se encierra más en su propio resentimiento. Aunque jamás maltrata a Emilia, cada gesto suyo está teñido de sacrificio y culpa. Ve en su hija el reflejo de su caÃda, y esa sombra se convierte en un muro invisible. Emilia lo percibe, pero no lo nombra.
