Paula
Paula Mientras escribe junto a la cama de Paula, estas memorias se vuelven confesión, carta de amor, testamento. No está escribiendo para la literatura, sino para evitar la muerte. —Si tú resistes, Paula —dice—, yo también.
Septiembre de 1973. El paraÃso de sueños socialistas estalla con un rugido de metralla. Isabel, atrapada entre la maternidad y la escritura, observa desde dentro cómo se desploma su paÃs. El golpe militar derroca a Salvador Allende, y lo que sigue es un ciclo de miedo, persecuciones y desapariciones.
—Chile está en silencio —le dice un amigo—. Un silencio de tumbas abiertas.
Isabel pierde su trabajo en la televisión. Su nombre empieza a circular en listas negras. Amigas detenidas, colegas exiliados, teléfonos intervenidos. Paula, entonces una niña pequeña, siente la tensión, aunque nadie se la explique del todo. Nicolás también empieza a comprender que la normalidad ha muerto.
Para sobrevivir, Isabel aprende a disimular. Censura sus pensamientos, codifica sus emociones. Pero su espÃritu se resiste. Comienza a colaborar con una organización clandestina que ayuda a sacar perseguidos del paÃs. Escribe cartas falsas, documentos, nombres. —Me convertà en traficante de vidas —escribe—. Y aunque tenÃa miedo, era un miedo útil.
