Paula
Paula Isabel crece entre las paredes de una casa que contiene más silencios que respuestas. Desde pequeña se sintió diferente: inquieta, rebelde, con una voz que buscaba el desahogo de la palabra escrita. Su madre, aunque firme, no pudo contener esa energÃa. —Eres un bochorno para la familia —le decÃan. Pero Isabel, lejos de encogerse, usaba la vergüenza como fuego para escribir.
En su adolescencia, su familia la envió a estudiar a un colegio inglés. Allà descubrió que las reglas también podÃan romperse con humor y audacia. Luego vinieron los años en Beirut, gracias al cargo diplomático de su padrastro Ramón. Esa ciudad se convirtió en un hervidero de descubrimientos: la polÃtica del Medio Oriente, la sensualidad sin culpa, y un aire de revolución que se filtraba por las rendijas.
—Eras como un gato —le dice su madre en una escena—, siempre cayendo de pie, siempre escapando de las jaulas que te imponÃamos.
Más adelante, Isabel regresó a Chile, se enamoró y se casó. Fue madre muy joven. VivÃa en una rutina doméstica, pero algo en su interior pedÃa más. Trabajó como periodista, guionista de televisión y activista cultural. Su voz comenzó a afilarse como un cuchillo. El mundo no estaba preparado para lo que ella tenÃa que decir, pero eso no la detuvo.
