Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 Y por primera vez desde que llegó a este tiempo, tuvo miedo de lo que aún estaba por suceder.
La luna flotaba sobre Getsemaní, bañando los olivos con una luz fantasmal. El aire estaba cargado de un silencio tenso, como si el universo mismo contuviera la respiración.
Jesús se apartó del grupo y cayó de rodillas. Sus labios se movían en un murmullo inaudible, una oración perdida en la noche.
Jasón no podía apartar la vista. Había visto hombres rezar antes de la batalla, soldados que sabían que su destino estaba escrito en sangre. Pero esto era distinto. Jesús no oraba por sí mismo. Oraba por ellos.
Por el mundo.
Por algo que Jasón no podía comprender del todo.
El sonido de pasos rompió el silencio.
Jasón giró la cabeza y vio las sombras alargadas de los soldados. Entre ellos, una figura se adelantó.
Judas.
El traidor caminaba con la mirada baja, los puños crispados. Cuando llegó hasta Jesús, el Maestro lo miró con una tristeza infinita.
―Amigo… ―susurró Jesús.― ¿A qué vienes?