Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 Que la historia debía seguir su curso.
Que la traición había sucedido.
Y que ahora solo quedaba el final.
Las calles de Jerusalén eran un hervidero de gritos y sombras. El amanecer teñía las murallas de rojo, un presagio de lo que estaba por venir.
Jesús caminaba entre los soldados, con la túnica rasgada y el rostro cubierto de sangre seca. Sus pasos eran lentos, pero firmes. No había odio en sus ojos. Solo cansancio. Solo una aceptación absoluta del destino.
Jasón lo seguía desde las sombras.
Sabía cómo terminaba esta historia. Lo había leído en informes, visto en documentos clasificados. Pero nada de eso se comparaba con estar allí, con ver la crudeza del momento.
Pilato apareció en lo alto de la escalinata del pretorio. Miró al prisionero, luego a la multitud que rugía como una bestia hambrienta.
―¿A quién queréis que os suelte? ―su voz retumbó.― ¿A Jesús, llamado el Mesías, o a Barrabás?
El nombre del ladrón se alzó como un grito de guerra.
Jasón sintió un escalofrío.
Todo esto estaba planeado.
