GOG
GOG La oportunidad llegó en la cafetería, cuando Stare vio a un hombre delgado, con el rostro hundido en una taza de café. Sus ojos estaban vacíos. Reconoció el gesto. No era el rostro de alguien que había aceptado la verdad. Era el rostro de alguien que aún peleaba con ella.
Se sentó a su lado.
—Sabes lo de Gog, ¿verdad?
El hombre apenas parpadeó.
—Baja la voz —murmuró.
Yuri se sentó frente a ellos.
—Queremos sacarlo a la luz.
El hombre dejó la taza en la mesa y las miró por primera vez.
—¿Cómo?
—Debe haber una línea de comunicación con el exterior —dijo Stare—. Alguna forma de enviar información.
El hombre respiró hondo.
—Hay una línea de emergencia. Pero está vigilada.
Yuri se inclinó hacia él.
—¿Puede enviar datos?
El hombre asintió.
—Pero solo una vez.
Silencio.
—Hagámoslo contar —dijo Stare.