Harry Potter y el legado maldito
Harry Potter y el legado maldito En el tren a Hogwarts, mientras la locomotora avanzaba entre montañas y campos lejanos, Albus se alejó de su prima Rose Granger-Weasley, notando que algo en ella reflejaba la presión de ser hija de Hermione y Ron. Ella representaba las expectativas familiares, siempre orgullosa, siempre dispuesta a sobresalir en Gryffindor. Pero Albus sentía que su destino no podía seguir ese mismo camino, y mientras las risas y los cuchicheos llenaban el vagón, encontró un espacio vacío al final, donde se sentaba alguien a quien todos parecían evitar: Scorpius Malfoy.
—¿Puedo sentarme? —preguntó Albus, alzando ligeramente la voz para hacerse oír entre el bullicio.
Scorpius levantó la mirada, sorprendido, sus ojos reflejaban una mezcla de desconfianza y curiosidad. Alguien como él, etiquetado por los rumores de ser "el hijo de Voldemort", era la última persona que alguien esperaría que un Potter quisiera conocer. Pero a Albus no le importaban los rumores ni las historias. Quería escapar de las expectativas y, en Scorpius, sentía que podría encontrar una salida.
