Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal Los días en Hogwarts transcurrían entre asombros y misterios. Harry había encontrado en Ron Weasley y Hermione Granger no solo compañeros, sino aliados en un mundo lleno de magia y secretos. Juntos, exploraban pasillos que parecían cambiar de lugar, escaleras que crujían bajo sus pies y retratos que susurraban palabras que no siempre querían escuchar. Pero algo oscuro rondaba el castillo, un enigma que parecía latir en las sombras.
Todo comenzó con el perro de tres cabezas. Fluffy , como lo llamaba Hagrid, estaba en un pasillo prohibido que los tres amigos descubrieron por accidente. “No tienen nada que hacer ahí”, les había advertido Hagrid, pero el gigantesco perro custodiaba algo más que un simple pasillo. Hermione, con su curiosidad insaciable, encontró una conexión en los libros: Fluffy protegía la entrada a la Piedra Filosofal , un objeto capaz de conceder inmortalidad.
