Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal Harry avanzó con cautela en la habitación final. El aire estaba cargado, frÃo como un susurro de muerte. En el centro de la estancia, frente a un espejo resplandeciente que parecÃa reflejar más que simples imágenes, estaba Quirinus Quirrell , el tÃmido profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Pero algo en él era diferente. Su postura no era encorvada ni insegura. Sus ojos brillaban con una intensidad maligna.
—¿Quirrell? —preguntó Harry, incrédulo.
El profesor le respondió con una sonrisa torcida, como si hubiera estado esperando ese momento.
—Ah, Harry Potter... Siempre tan curioso. SÃ, fui yo todo el tiempo. —Su voz temblaba con una mezcla de excitación y maldad—. No Snape. Pobre Severus. Él intentaba protegerte.
Harry retrocedió un paso, el corazón latiéndole con fuerza. Snape, ¿protegiéndolo? Eso no tenÃa sentido.
—¡No puede ser! —protestó Harry.
Quirrell avanzó un paso, sus movimientos ahora llenos de una confianza aterradora.
—Oh, pero lo es. Fue Snape quien intentó salvarte en el partido de quidditch, mientras yo conjuraba para hacerte caer. Y ahora, aquà estamos. Tú, el niño que vivió, y yo, el hombre que traerá de vuelta a su amo.
