Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal En el número 4 de Privet Drive, todo era tan gris como las nubes que colgaban sobre el vecindario. Las casas idénticas, los jardines perfectamente recortados, y la obsesión de los Dursley por ser "normales" eran solo la fachada de un hogar donde se respiraba hostilidad. Bajo las escaleras, en un armario estrecho lleno de telarañas y olor a humedad, dormía Harry Potter , un niño delgado con un cabello que jamás se peinaba y unos ojos verdes tan vivos que parecían un recordatorio constante de su madre, quien según los Dursley, había sido una aberración.
Harry no tenía recuerdos de sus padres. Todo lo que sabía era lo que los Dursley le habían contado: que habían muerto en un accidente de coche, y que él había sido una carga desde entonces. “Agradece que te demos techo y comida”, gruñía el tío Vernon cada vez que Harry, sin querer, hacía algo "raro". Porque cosas raras siempre pasaban cerca de Harry.
