Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal El viento azotaba con furia la cabaña, los cristales temblaban y las olas chocaban contra las rocas como un tambor de guerra. En medio de la tormenta, un golpe ensordecedor retumbó en la puerta, seguido por otro, más fuerte. Los Dursley se encogieron en sus lugares. Vernon, con un rifle que apenas sabÃa usar, apuntó temblorosamente hacia la entrada. Harry, acurrucado en su rincón, no podÃa apartar los ojos de la puerta que estaba a punto de ceder.
Con un estruendo final, la puerta fue derribada, y en el umbral apareció una figura descomunal. Rubeus Hagrid , un gigante de barba espesa y cabello desordenado, llenó la entrada como si fuera un titán de cuentos antiguos. Sus ojos brillaban con una mezcla de enfado y alegrÃa contenida.
—¿Quién demonios eres tú? —gritó el tÃo Vernon, levantando el rifle.
Hagrid lo miró con desdén, como si estuviera viendo a un insecto insignificante. Con un movimiento casual de su enorme mano, dobló el cañón del rifle como si fuera papel.
—¡No se le habla asà a Harry Potter! —gruñó con voz retumbante.
