Confianza rota
Confianza rota La lluvia golpeaba las ventanas como si intentara advertirle de algo. Lisa se sentó en el borde de la cama, sosteniendo el contrato entre sus manos temblorosas. Las palabras eran claras, frías, calculadas. ¿Cómo podía un hombre que decía amarla protegerse tan minuciosamente de ella?
Cuando Alex llegó esa noche, Lisa lo enfrentó. —Encontré esto. —Extendió el documento, sus ojos clavados en él, buscando alguna grieta en su máscara de indiferencia. Alex apenas miró el papel antes de responder con calma: —¿Y qué esperabas, Lisa? Mi posición exige precaución.
—¿Precaución? —replicó ella, sintiendo que la furia desplazaba al dolor. —Esto no es precaución, Alex. Esto es desconfianza.
Él se sentó frente a ella, sus ojos oscuros clavándose en los de Lisa como dos abismos. —¿Y acaso no es lo mismo?
El silencio entre ellos era ensordecedor. Alex no intentó explicar más, ni ella preguntó. Había algo en su postura, en la forma en que parecía siempre un paso por delante, que la hacía sentir pequeña, impotente.
