Shogun
Shogun Y la sangre caliente en sus manos.
El espÃa jadeó, su boca abriéndose y cerrándose como la de un pez fuera del agua.
Cuando el cuerpo dejó de moverse, Blackthorne sintió que algo en él también morÃa.
La puerta se abrió. Un guardia lo vio, miró el cadáver y asintió con respeto.
—Bien hecho, Anjin-san.
Blackthorne apretó los puños.
Ya no era solo un extranjero.
Se estaba convirtiendo en uno de ellos.
La sangre del honor ya manchaba sus manos.
La noche era densa y opresiva, como una bestia que respiraba sobre los muros del castillo de Osaka. Blackthorne se movÃa por los pasillos en penumbras, sintiendo el peso de la intriga en cada sombra, en cada mirada fugaz de los sirvientes que bajaban la cabeza al verlo pasar.
El enemigo no estaba en el campo de batalla, sino aquÃ, en estos pasillos de madera perfumada, donde las palabras podÃan matar más rápido que una katana.
Toranaga estaba en peligro.
Blackthorne lo sabÃa. Lo veÃan como una amenaza, como un obstáculo en el camino de Ishido, el lÃder de la facción rival que querÃa controlar Japón. Y si Toranaga caÃa, él caerÃa con él.
