Shogun
Shogun Blackthorne exhaló lentamente.
—¿Qué quieres que haga?
Toranaga apoyó las manos sobre sus rodillas, inclinándose hacia él.
—Quiero que sigas observando. Que sigas aprendiendo. Y cuando llegue el momento… que elijas bien tu lealtad.
Las palabras flotaron en el aire como una advertencia.
Blackthorne sabÃa que estaba en el centro de algo más grande de lo que habÃa imaginado.
AquÃ, en este castillo de sombras y conspiraciones, la lealtad no era un acto de nobleza.
Era una sentencia de vida o muerte.
Y pronto, tendrÃa que tomar una decisión.
La sala estaba en silencio, rota solo por el crepitar de la lámpara de aceite que proyectaba sombras danzantes en las paredes de madera. Blackthorne se arrodilló ante Toranaga, sintiendo el peso de la incertidumbre sobre sus hombros.
—Anjin-san —dijo Toranaga con voz baja pero firme—, la guerra es inevitable.
No era una pregunta. Era un hecho.
Blackthorne asintió. Lo habÃa visto venir. Los enemigos de Toranaga no descansarÃan hasta verlo muerto, y Osaka estaba infestada de traidores.
