Daisy Miller
Daisy Miller Contaría el visitante unos veintisiete años de edad. Cuando sus amigos hablaban de él, decían que era un estudiante de Ginebra; cuando lo hacían sus enemigos… Conviene, ante todo, consignar que no tenía enemigos. Era extremadamente amable, buen compañero y entrañablemente querido. Lo que sí he de añadir es que algunos murmuradores afirmaban que la verdadera razón de su larga estancia en Ginebra era su extremada devoción por cierta señorita extranjera… mayor que él. Muy contados norteamericanos, más bien creo que ninguno, podrían afirmar haber visto alguna vez a la mencionada señorita sobre la cual corrían particulares rumores. Pero Winterbourne, así se llamaba nuestro héroe, tenía algunos antecedentes en la antigua capital del calvinismo. En Ginebra había asistido a la escuela siendo muy niño, y en Ginebra había pasado más tarde a un colegio, circunstancias a las que se debía el gran número de amigos que tenía entre la gente joven. Relaciones que conservaba, sirviéndole de satisfacción.
Tras de llamar a la puerta de la habitación de su tía y de informarse de su indisposición, se encaminó a dar un paseo por el lugar, y ahora terminaba su desayuno, una taza de café que le había servido en una mesita del jardín del hotel uno de aquellos camareros que, por sus cuidados modales, parecía un attaché.