El Alumno
El Alumno Un par de días después de aquello, durante los cuales Pemberton no hizo uso del permiso que le había concedido la señora Moreen para contarle a su hijo los horrores que quisiera, tutor y alumno llevaban paseando un cuarto de hora, cuando el niño volvió a mostrarse comunicativo, haciendo la siguiente observación:
—Le diré cómo lo sé; lo sé por Zénobie.
—¿Zénobie? ¿Y quién diablos es Zénobie?
—Una niñera que tuve hace muchísimos años. Una mujer encantadora. Me gustaba muchísimo, y yo a ella.
—Sobre gustos no hay nada escrito. ¿Qué es lo que sabes por ella?
