El Banco de la desolación
El Banco de la desolación Parece como si una nostalgia ontológica por lo que se fue o por lo que se hubiera podido ser, invada la conciencia, la memoria y la acción de los personajes de James que, envueltos por ecos y presencias secretas del pasado, asisten a su actualización sin posibilidad ninguna de contenerles o acallarles. Pero Henry James sabe que estos ecos, estas presencias secretas, son construcción y producto de la imaginación de sus personajes, son sensaciones pasajeras evocadas por «la magia de las asociaciones» que el azar cargó de sentido, de un sentido confuso y turbio, que es necesario dilucidar puesto que han venido a romper la paz y el sosiego que costó tanto de obtener; estas presencias del pasado son proyecciones del «yo» a la búsqueda de una identidad que nunca se poseyó y que aparecen cargadas de reminiscencia y de remordimiento puesto que dan medida del vacío y del error sobre el cual se construyó la existencia, la memoria y la identidad.