La Copa Dorada

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Sin embargo, esto fue sólo una pincelada en el cuadro, ya que lo verdaderamente importante, como he insinuado, fue la muda comunicación con Maggie. Sólo la angustia de su hija era profunda, y el señor Verver la percibió con mayor fuerza por ser nueva. ¿En qué momento, en el pasado que habían compartido, Maggie había revelado temor, aunque fuera en silencio, por el modo de vivir del señor Verver? Habían compartido temores, como habían compartido alegrías, pero los temores de Maggie se habían centrado en lo que afectaba por igual a los dos. Y he aquí que, de repente, se planteaba una cuestión que sólo al señor Verver afectaba, y esa insonora explosión marcó una época. El señor Verver estaba en la mente de Maggie y, en cierta manera, estaba también en sus manos, lo cual era muy distinto a estar donde siempre había estado, sencillamente, en lo más hondo de su corazón y en lo más hondo de su vida, a tal profundidad que no podía quedar separado de ella, quedar en contraste o en oposición con ella; en resumen, no era un objeto o ser distinto. Pero el paso del tiempo lo había logrado al fin. Su relación había quedado alterada. El señor Verver vio de nuevo esa diferencia expresada en el rostro de Maggie. También la sintió en su persona, ya que no se trataba simplemente de señora Rance más o señora Rance menos. También para Maggie, súbita y casi beneficiosamente, la señora Rance pasó de ser una presencia incómoda a ser una revelación. Al contraer matrimonio, habían dejado vacío el territorio que el señor Verver tenía inmediatamente al frente, o sea su personal recinto, ya que ellos eran el Príncipe y la Princesa. Ante el señor Verver habían dejado espacio libre para que otros pudieran ocuparlo, y los otros ya se habían dado cuenta. También el señor Verver no sólo vio lo que Maggie veía sino también lo que Maggie veía que él veía. Debemos añadir que esto hubiera sido su más intensa percepción, si al momento no se hubiera fijado en Fanny Assingham. El rostro de ésta no podía ocultarle lo que se albergaba en su mente. A su manera, Fanny Assingham había visto lo que los dos, Maggie y su padre, estaban viendo.


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