La Copa Dorada
La Copa Dorada Charlotte pronunció estas palabras de manera tan rotunda que el PrÃncipe percibió al instante la verdad que expresaban; a pesar de ello, se trataba de una verdad que no dejaba de intrigarle:
—¿Realmente hubo un tiempo en que te gustaba ir de un lado para otro con semejante tiempo?
Quieta allÃ, junto al fuego, Charlotte repuso:
—Ahora tengo la impresión de que en aquellos tiempos todo me gustaba. De todas maneras, me produce el goce de volver a experimentar los viejos sentimientos. Vuelven, sÃ, vuelven.
Charlotte hizo una pausa. Y prosiguió:
—Todo vuelve, y no hace falta que te lo diga porque también te consta.
El PrÃncipe estaba de pie cerca de Charlotte, con las manos en los bolsillos, pero sin mirarla, fija la vista en la mesa de té. Riendo, replicó:
—Bueno, la verdad es que no soy tan valiente como tú. Además, tengo la impresión de que realmente me gusta utilizar carruajes.
Rápidamente, añadió:
—Pero dejemos eso, me parece que necesitas urgentemente un poco de té. Permite que te prepare una taza.