La Copa Dorada
La Copa Dorada —El Príncipe y Charlotte. Precisamente por esto destacan.
Fanny Assingham explicó mejor sus palabras:
—Y lo magnífico es que tienen miedo de sí mismos, quiero decir miedo por los otros.
Después de hacer un esfuerzo para seguir el pensamiento de su cónyuge, el coronel preguntó:
—¿Miedo por el señor Verver y Maggie? ¿Miedo de qué?
—De ellos mismos.
Intrigado, volvió a preguntar:
—¿De ellos mismos? ¿Del señor Verver y de Maggie?
La señora Assingham no perdió la paciencia ni la lucidez:
—Sí, y también de semejante ceguera. Aunque principalmente de su propio peligro.
El coronel meditó. Luego, inquirió:
—¿Y el peligro es la ceguera?
—El peligro está en su situación. A estas alturas, no hace falta que te diga todos los elementos que concurren en su situación. Afortunadamente y para su consuelo, entre los muchos elementos que se dan en su situación no se cuenta la ceguera. Quiero decir la ceguera de ellos.
Acto seguido, la señora Assingham aclaró: