La Copa Dorada
La Copa Dorada —Quiero decir los verdaderos viejos tiempos, antes de que mi gran marido fuera inventado, antes de que su gran esposa también lo fuera, los maravillosos tiempos en que comenzó a sentir ese gran interés por todo lo que ha hecho a partir de entonces, los tiempos de sus primeros grandes proyectos y oportunidades, descubrimientos y negocios. Los tiempos en que permanecíamos sentados hasta muy tarde, siempre muy tarde, en los restaurantes extranjeros que le gustaban, en todas las ciudades de Europa; allí nos quedábamos, con los codos apoyados en la mesa y casi todas las luces apagadas, hablando de las cosas que había visto durante el día, de las cosas de que había oído hablar, de las ofertas que había hecho, de las cosas adquiridas, rechazadas o perdidas. Y, aunque te parezca increíble, me llevaba a estos sitios debido a que, a menudo, la servidumbre era la única compañía con que podía dejarme. Si esta noche me llevara con él, para recordar los viejos tiempos, a la exposición de Earl Court, ello se parecería un poco, sólo un poquito, a nuestras primeras aventuras.
Mientras Americo la miraba y, en realidad, debido precisamente a que la miraba, tuvo una inspiración que decidió poner en práctica. Si él se preguntaba qué iba a decir Maggie a continuación, he aquí que ésta diría exactamente lo adecuado: