La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —También lo es la mÃa. Todos elegimos la nuestra. No obligan a nadie. ¿Baja a fumar?
—No. Quiero pensar esto.
—¿Asà que por la mañana me dirá que ya estoy desnudo?
—Veré lo que puedo hacer; dormiré pensando en ello. Pero, sólo una palabra más —añadÃ.
HabÃamos salido de la habitación y volvà a recorrer con él parte del pasillo.
—Esta extraordinaria «intención general», como usted la llama, porque ésta es la más clara descripción de esa cosa que consigo arrancarle, ¿es, hablando en general, algo asà como un tesoro escondido?
Su cara se iluminó:
—SÃ, llámela asÃ, aunque quizás no me corresponda a mà darle ese nombre.
—¡TonterÃas! —re×. Sabe usted muy bien que le hace sentirse orgullosÃsimo.
—Bueno, no tenÃa intención de decÃrselo; ¡Pero es lo que da alegrÃa a mi alma!
—¿Tan rara, tan grande es su belleza?
Él volvió a esperar un poco:
—¡Lo más adorable del mundo!