La figura de la alfombra
La figura de la alfombra ¡Vaya! El viejo James ha vuelto a jugarnos una mala pasada. Durante páginas y páginas nos ha estado arrastrando en pos de la figura de la alfombra y al final, maldita sea su maldita teoría del punto de vista, sólo vemos con los ojos ansiosos del narrador un fantasma que se desvanece antes incluso de aparecer. Los personajes que llegan a la figura mueren antes de contarnos en qué consistía. El malabarista insinuaba que esta vez explicaría su truco, y llevados por la insinuación hemos leído casi de un tirón estas páginas que nos iban a mostrar el misterio. Un misterio que, sospechamos, es una horrible y monstruosa cara que nos saca la lengua en soberana burla. ¿Es posible que aquí, más que en ningún otro libro suyo, haya querido James tender una trampa al lector y sobre todo al crítico? ¿Afirma con su juego el autor que no hay crítica posible, que nada ni nadie será capaz de desentrañar el misterio de la Obra de Arte?
