La Torre de Marfil
La Torre de Marfil Horton, mirando su reloj, se había levantado mientras hablaba; lo que al momento hizo también Cissy, ante este recordatorio del paso de sus preciados minutos. Con todo, le quedaba una cosa por decir; y lo hizo al afirmar que el punto que habían estado discutiendo no podía ser, por sí mismo, la fuerza que en un primer momento había impulsado a actuar a la joven de la que hablaban, pues lo que era seguro es que Gray no tendría bigote ni nada por el estilo cuando era niño, y Rosanna, entendía ella, no lo había vuelto a ver desde tan tierna edad. Cláusula a la que Haughty no llegó a prestar pleno asentimiento, pues el que hubo quedó súbitamente fundido en el gemido de “Vaya, si está aquí” y la inmediata eftisión de brazos hacia el anfitrión de ambos, Bradham, que venía ya vestido para la cena, con chaleco blanco y flor en la solapa, robusto y derecho sobre un saliente que le permitía abarcarlos. Quien, en cuanto fue detectado en esa posición, explicó su presencia anunciando que Gussy lo había enviado a preguntar si irían a cenar. Era prácticamente un ultimátum a Cissy, y como tal lo entendió la chica, para que dedicara al menos diez minutos a vestirse como era debido; a pesar del cual, se atrevió a desafiar a Davey con otro pretexto, que hizo que aquel vistoso buen hombre, que esplendía con todos los efectos del baño y todos los recursos del aseo personal, en menos de dos minutos hubiese vuelto sobre sus charolados pasos con una presteza que hacía a sus acompañantes reos de la más desvergonzada pereza. Ella tuvo tiempo de articular, en beneficio de Horton y con la claridad precisa, que aquél debía de haberlos visto, y Horton fue igual de rápido en encontrar el tono adecuado y el ingenio adecuado para este único comentario tranquilizador: “El bueno de Davey . Como ocupantes de un lugar apartado que ellos se habían limitado a no dejar sin ocupar, recibieron sin rebozo al visitante, adelantándose a cualquier impulso que éste pudiera haber tenido de derramar comentarios jocosos sobre esa soledad buscada, si es que tal cosa podía esperarse de tan cumplido hombre de mundo, y saliéndole al paso con la instantánea curiosidad estratégica de la más joven de los invitados.
