La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Verás: mi problema, para mÃ, es que también yo, por naturaleza, soy una persona excesivamente interesada.
—Sà —encajó Gray—, pero te gusta, lo llevas bien, lo disfrutas inmensamente y ese hecho no te asusta lo más mÃnimo. Sales airoso del trance sin que te suponga coste alguno.
—No te supone nada —Horton se limitó a proseguir— el que tú puedas ser objeto de mi interés?
Los ojos de Gray lo sondearon nuevamente.
—¿De verdad? ¿Y no te aburre? —pero con todas las cosas que, incluso en el peor de los casos, tenÃa que dar por supuestas, no esperó la respuesta tranquilizadora—. La pena que sentirás por mà te retorcerá el corazón. Me ayudarás por pura compasión.