Las Bostonianas

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Sabía lo que hubiera hecho su madre, y eso la ayudó en su decisión, pues su madre siempre elegía las soluciones más positivas. Olive tenía miedo de todo, pero su miedo mayor era el de tener miedo. Deseaba inmensamente ser generosa, ¿y cómo poder ser generosa a menos que se corriera algún riesgo? Había elegido como sistema de vida la norma por la que si se presentaba un riesgo debía asumirlo; y sufrió frecuentes humillaciones al encontrarse, después de todo, a salvo. Estaba perfectamente a salvo después de haberle escrito a Basil Ransom, y era en verdad difícil imaginarse qué otra cosa podría haber hecho él fuera de agradecerle su invitación (en términos excepcionalmente superlativos), y asegurarle que la visitaría en la primera ocasión que sus negocios (comenzaba a tener unos cuantos) lo llevaran a Boston. Ahora había llegado para dar fe de su voto de gratitud, y tampoco esto bastó para darle a la señorita Chancellor la sensación de haber corrido un peligro. Ella había advertido (a la primera mirada) que él no consideraba desde un punto de vista mundano cosas que para ella eran un principio que desafiar. Era demasiado simple —demasiado impregnado de Mississippi— para eso; se sentía casi desilusionada. Con seguridad ella no había esperado que fuera a asombrarlo haciendo algunas declaraciones nada femeninas (la señorita Chancellor aborrecía esa expresión tanto como la contraria); pero tuvo el presentimiento de que Ransom sería demasiado bondadoso, primitivo hasta ese grado. De todo lo existente en el mundo lo que más amaba era discutir (aunque el porqué es difícil de imaginar, pues siempre le costaba lágrimas, jaquecas, un día o dos en la cama, emociones agudas), y era muy posible que Basil Ransom no tuviera ningún interés en discutir. No hay nada más desagradable que esa indiferencia, cuando la gente no está de acuerdo con los principios de uno. Y que él estuviera de acuerdo con sus principios era lo que menos podía esperar. ¿Cómo iba a estar de acuerdo con ella un oriundo de Mississippi? De haber pensado que estaría de acuerdo con ella, ni siquiera le hubiese escrito.


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