Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —La verdad —siguió la señora de Beale aquiescentemente— es que no hay nada que logre desalojar ese sentimiento de ninguno de los dos, y el mejor modo que se les ha ocurrido de darle rienda suelta es dejarte al cargo del adversario el mayor tiempo posible. Como ya has podido comprobar tú misma, nada hay en el mundo que los enfurezca más. No es cuestión, ya que es muy poco lo que exiges, de que tú representes un gran gasto o una gran tabarra: sencillamente se trata de que el hecho en sà consigue excelentemente que cada uno de ellos se dé cuenta de lo desagradable que quiere serle el otro. En consecuencia Beale se dedica a aborrecer a tu madre excesivamente como para que le quede furia alguna que consagrarle a cualquier otro. Además, ¿sabes?, he llegado a un pacto con él.
—¡El Señor nos ampare! —exclamó Sir Claude con una carcajada más sonora que la precedente y otra vez encaminándose hacia la ventana.
—¡Yo sé de qué tipo! —proclamó Maisie sin pérdida de tiempo—. Tú le permites hacer lo que a él le dé la gana siempre que él te permita hacer lo que a ti te dé la gana.
—¡Eres una absoluta delicia, animalito mÃo! —Maisie se vio involucrada en otro abrazo—. No sé cómo he podido vivir sin ti tanto tiempo. No me lo he pasado nada bien, mi amor —dijo la señora de Beale apretando su mejilla contra la de la niña.