Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Pero entonces ¿es que no se ha marchado?
—¿Tu madre? ¿A Sudáfrica? Renuncio, querido muchacho —dijo Sir Claude; y literalmente ella tuvo la impresión de verlo renunciar mientras permanecÃa parado y mientras con una especie de mirada ausente (ausente, es decir, de los asuntos de ella) él seguÃa los garbosos andares y las espléndidas piernas de una joven pescadera que acababa de salir del agua con su cesto lleno de camarones. Volvió a Maisie con el pensamiento antes que con la mirada—: Pero seguramente todo está en orden. De no ser asÃ, nuestra pobre amiga no abandonarÃa Londres; sabe muy bien lo que se trae entre manos.
Esto era tan tranquilizador que Maisie, después de darle vueltas, logró hacerlo encajar con sus anteriores suposiciones; y preguntó:
—Y bien, ¿qué se trae entre manos?
Finalmente él dejó de mirar a la pescadera; afrontó la interrogante de su compañerita:
—¡Oh, ya sabes! —En la manera en que dijo esto hubo algo que hizo que se estableciera, entre ellos, una igualdad mayor de lo que ella habÃa imaginado; pero asimismo tuvo más bien el efecto de elevarla a ella que de disminuirlo a él, y este efecto sobre ella quedó patente en el tono del asentimiento femenino: