Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa Sir Claude siguió mirando por la ventana; ni siquiera se dio la vuelta, y fue la más joven de los tres quien hubo de recoger esa declaración:
—¿Quiere decir que ayer usted fue a verla?
—Ella vino a verme a mÃ. Fue ella quien llamó a mi humilde puerta. Fue ella quien subió mis desvencijadas escaleras. Me dijo que os habÃa visto en Folkestone.
Maisie caviló:
—¿O sea que regresó a Londres aquella misma noche?
—No: ayer por la mañana. Se vino a mi casa directamente desde la estación. Algo sumamente excepcional. Si yo tenÃa una tarea que resolver, no hizo nada por volvérmela más dificultosa: hizo muchÃsimo por volvérmela más sencilla. —La señora Wix hizo una tregua, aunque el fuego de su rostro llameó más brillante; acto seguido fue capaz de decir—: ¡Milady es muy gentil! Hizo lo que yo no me esperaba.
Ante esto, Maisie concentró su mirada en la espalda de su padrastro: en aquel momento ésta muy bien habrÃa podido representar para ella un monumento a la gentileza de milady. Permaneció, como tal, monumentalmente inmóvil, y durante suficiente rato para habilitar a la niña para preguntarle a su compañera:
—¿Realmente la ayudó a usted?
