Los Periódicos
Los Periódicos Marshal entraba mientras ellos salían y su «Contaba con encontrarlos», exhalación de fresca sinceridad que recibieron en pleno rostro, les produjo después un efecto como si desenrollaran ante ellos una alfombra grande y mullida, cuajada de flores y de figuras, que no pudieran pisar sin cierto reparo. Las exclamaciones que profirieron —Maud estaba segura— de ningún modo hubieran podido tomarse por una bienvenida, pero hasta que ella no vio cómo el infeliz se contenía un poco ante la frialdad que suscitaba, no tuvo plena conciencia de lo interesantes que se habían tornado para sí mismos. El semblante de Marshal, sin embargo, mientras seguían allí de pie y no le invitaban a entrar de nuevo en la fonda ni a que los acompañara a otro sitio, aquel semblante boquiabierto que aguardaba las prometidas instrucciones de Bight, como un llano recipiente que carecía de profundidad pero poseía toda la capacidad de su amplia superficie, recordó tan vivamente a nuestra joven las dulces ensoñaciones que su colega había suscitado en él la última vez, que el recién llegado pudo columbrar, aunque sólo durante un breve instante, y con la compasión que le permitía su desvarío, que también se había mofado un poco de ella. Esto situó a Maud, durante breves instantes, en una extraña camaradería con su visitante, bajo impulso de la cual se volvió a Bight sin más rodeos.
