Washington Square
Washington Square —No me desagrada en absoluto como amigo, como compañero. Lo encuentro encantador, y estoy seguro de que serÃa una excelente compañÃa. Me desagrada sólo como yerno. Si el único oficio de un yerno fuese cenar en la mesa paterna, tendrÃa a su hermano en grandÃsima estima: eso se le da estupendamente. Ahora bien, ésa es tan sólo una pequeña parte de su cometido, que, en general, consiste en convertirse en protector y sustentador de mi hija, que es una joven singularmente mal dotada para cuidar de sà misma. Es en ese sentido en el que no me satisface. Confieso que me dejo llevar tan sólo por mis impresiones, pero tengo por costumbre confiar en mis impresiones. Desde luego, usted tiene la libertad de contradecirme rotundamente. Su hermano me parece egoÃsta y frÃvolo.
Los ojos de su interlocutora se agrandaron un poco, y el doctor creyó advertir en ellos el resplandor de la admiración.
—Me asombra que haya descubierto usted que es egoÃsta —exclamó.
—¿Tan bien le parece que lo esconde?
—Desde luego que sÃ. Aunque creo que todos somos bastante egoÃstas —se apresuró a añadir.