Washington Square
Washington Square —Hija mÃa —observó el doctor—, tu simpleza es conmovedora. DÃselo en ese tono y con ese gesto, y toma nota de su respuesta. No será amable; se enfadará. Y bien que me alegraré yo, pues eso demostrará que estoy en lo cierto. A menos, claro está, que él te guste más por ser grosero contigo.
—Él nunca será grosero conmigo —dijo ella, con dulzura.
—Tú dÃselo de todos modos.
Catherine miró a su padre, y sus ojos serenos se llenaron de lágrimas.
—En ese caso volveré a verlo —murmuró, con voz tÃmida.
—Haz exactamente lo que te plazca —dijo el doctor, acercándose a la puerta y abriéndola para que Catherine se marchara. Esta reacción le indicó, de un modo atroz, que su padre la estaba abandonando.
—Será sólo una vez, por el momento —añadió, sin decidirse a salir.
—Haz exactamente lo que te plazca —repitió él, con la mano en la puerta—. Ya te he dicho lo que pienso. Si lo ves, serás una hija desagradecida y cruel; le causarás a tu padre el mayor sufrimiento de su vida.