Washington Square
Washington Square —Es un hombre comprensivo y sensible —explicó la señora Penniman.
El doctor volvió a fumar en silencio.
—¿Y estas cualidades tan delicadas… han sobrevivido a todas sus vicisitudes? ¿Tantas maravillas y no me hablas de sus desgracias?
—Es una larga historia —dijo su hermana— y la tengo por una confidencia sagrada. Aunque supongo que puedo decirte sin objeciones que ha cometido locuras… Lo ha confesado con franqueza. Pero ha pagado por ellas.
—¿Y ésa es la razón de que se haya empobrecido?
—No únicamente en lo económico. Está muy solo en el mundo.
—Entonces, ¿se ha portado tan mal que sus amigos lo han abandonado?
—Ha tenido amigos falsos, que le han engañado y traicionado.
—Pero tiene algunos buenos. Tiene una hermana entregada y media docena de sobrinos.
La señora Penniman guardó silencio un minuto.
—Sus sobrinos son pequeños y su hermana no es una persona muy simpática.
—Espero que no se haya permitido ofenderla, porque tengo entendido que vive a su costa.
—¿Que vive a su costa?