El plan maestro
El plan maestro Javier, impactado, toma nota de cada palabra. Comienza a ver que su historia no es única, sino fractal. Que cada experiencia que vivió tiene un eco en otra parte del mundo. Que cada mirada, cada pintura, cada símbolo es parte de una ecuación.
El experimento de los mil ojos está en marcha. Y su propósito es despertar. Despertar a los que están listos para ver más allá de la superficie. Para entender que el arte, la religión, la ciencia y la historia no son compartimentos estancos. Son piezas de un rompecabezas universal.
Y él, sin saber cómo, ya está dentro del juego.
La travesía lleva a Javier a París, al interior de una biblioteca inaccesible para el público general. Allí, con ayuda de uno de los Custodios, accede a un códice medieval que supuestamente fue copiado de un manuscrito aún más antiguo. Sus páginas están cubiertas por ilustraciones imposibles: criaturas mixtas, arquitecturas de geometría inhumana, mapas estelares. Entre las figuras, Javier identifica una que ya ha visto antes: un caballo flotante. Como el de la cueva en Cantabria. Como el que su hija Sofía señaló sin dudar.
—¿Cómo es posible que lo mismo aparezca en textos tan alejados en el tiempo? —pregunta.
