Anabasis
Anabasis 8Desde allà se pusieron en marcha QuirÃsofo, Jenofonte y el capitán Calimaco de Parrasia, pues la dirección de las compañÃas de retaguardia le correspondÃa a él ese dÃa[120]. Los demás capitanes permanecieron en lugar seguro. Detrás de éstos se situaron bajo los árboles unos sesenta hombres, no en grupo, sino uno a uno, 9tomando cada uno las precauciones que podÃa. Agasias de Estinfalia y Aristónimo de Metidrio —también éstos eran capitanes de la retaguardia— y otros se apostaron fuera de los árboles, pues no era seguro colocar al 10abrigo de los árboles más de una compañÃa. Entonces, Calimaco maquina una estratagema: se separa corriendo del árbol, donde él estaba, unos dos o tres pasos y cuando lanzaban las piedras, retrocedÃa tranquilamente; en cada carrera gastaban más de diez carros de piedras. 11Agasias, al ver lo que hacÃa Calimaco y que todo el ejército lo contemplaba, temiendo no ser el primero en asaltar la posición, sin haber llamado a Aristónimo, que estaba cerca, ni a EurÃloco Lusio, que eran sus compañeros, ni a ningún otro, avanza él en solitario y se adelanta 12a todos. Calimaco, al verlo pasar, lo coge por el borde del escudo. En este momento, los adelanta corriendo Aristónimo de Metidrio y detrás de él EurÃloco Lusio. Todos estos rivalizaban en valor y competÃan entre sÃ. Disputando asÃ, ocupan el lugar. Una vez irrumpieron, ninguna piedra fue lanzada desde lo alto. Entonces 13se produjo un espectáculo terrible: las mujeres, arrojando primero a sus hijos, se lanzaban ellas mismas después al precipicio y los hombres hacÃan lo mismo. Entonces también Eneas de Estinfalia, capitán, habiendo visto a un hombre que corrÃa con intención de arrojarse llevando un hermoso vestido, lo coge para impedÃrselo. Éste lo arrastra y ambos se precipitaron 14rocas abajo y murieron. Allà muy pocos hombres fueron capturados, pero sà muchos bueyes, asnos y ganado menor.